
Durante los últimos seis meses he tenido el increible placer de asistir a por lo menos tres conciertos ofrecidos por distintas orquestas sinfónicas y filarmónicas (razón por la cual muchas personas me han hecho cara de sueño).
Durante muchos años me había preguntado por qué había tanta gente (ahora parece poca) a la que le gustaba la música clásica y que además gastaba dinero en asistitr a conciertos de ésta. Para mi era inconcebible que esta cantidad de personas se gastara su dinero y tiempo en algo tan aburrido como la música clásica, música que había sido escrito por una cantidad de señores ya muertos, música que (según yo) producia sueño y tedio. Sin embargo, el año pasado con motivo de la celebración de los 60 años de la Universidad de los Andes, tuve la oportunidad (y debo confesar que un arranque repentino) de asistir a un concierto ofrecido por la Orquesta Sinfonica Nacional de Colombia. Al principio no esperaba mucho del concierto pero con la primera nota que tocaron los violines y con el primer movimiento del director, mi opinión acerca de la música clásica dío un giro de 180°.
Al escuchar a toda esta cantidad de músicos en escena comencé a entender por qué había gente que pagaba para entrar a escuchar a este tipo de orquestas. En ese momento comencé a sentir lo que me había negado por muchos años. Es impresionante cómo una orquesta, por más pequeña que sea, permite que el corazón se acelere, el estómago se llene de cosquilleo y la mente se pierda en un mundo totalmente distinto al que nos llena de problemas y malas energías. Es increible cómo 50 musicos logran transmitir tantas emociones en tan poco tiempo. Es realmente placentero ser transportado a otros espacios mentales mediante la pasión que cada uno de esos artistas logra imprimirle a las melodías de esos "señores ya muertos".
Nunca creí que la música pudiera llegar a rincones tan profundos de eso que algunos llamamos alma. Nunca antes había sentido una conexión tan precisa con lo que un compositor quizo que sus oyentes sintieran. Y nunca pensé que llegaría el día en el que invitará a las personas a ir a los conciertos de música clásica, en el que dijera que es una experiencia que ningún ser humano debería negarse la posibilidad de vivir y que además de todo pagara por esto!. La temporada 2009 termina este fin de semana pero a mitad de este año se celebra el primer festival sinfónico y la invitación es para que asistamos y para que disfrutemos de esa música que por vieja y "aburrida" es muy desconocida y menospreciada. Démonos la oportunidad de vivir lo que muchos llenos de prejuicios no lo viven...