martes, 1 de febrero de 2011

Acerca de la menospreciada soledad...

 "Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad"
Guy de Maupassant

Esta frase me hace reflexionar acerca de la importancia de la soledad, del significado de la soledad, no del que da un diccionario, sino del que cada uno de nosotros percibimos. Normalmente asumimos la soledad como un tormento, una vergüenza, momentos tortuosos, como dolor. La soledad es vista como un momento triste y hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para no vivirla, para no sentirla, como lo señala la frase de Guy de Maupassant. La pregunta que siempre ha rondado en mi cabeza acerca de este tema es: ¿Realmente la soledad es una desgracia? ¿No será más bien una oportunidad?


Si asumimos la soledad como una oportunidad, ésta puede convertirse en uno de los estados más sublimes que puede tener el alma, en una oportunidad para conocerse a uno mismo, en una oportunidad para entenderse, para enredarse y desenredarse, para alagarse, criticarse, para entender cómo funciona nuestra mente, nuestros sentimientos. La soledad permite sanar heridas que han dejado cicatrices, permite perdonarse a sí mismo y a otros, permite buscar lo que pensamos que habíamos perdido, y encontrarlo! La soledad bien aprovechada nos permite convertirnos en la persona que soñamos (o al menos acercarnos). 

La soledad nos permite degustar de la manera más precisa aquellas canciones que por su sonido nos llaman la atención, desmenusarlas, digerirlas, interiorizarlas. La soledad nos permite apreciar un atardecer de principio a fin, sin perdernos ni un segundo del ocaso. La soledad nos permite disfrutar de los sabores, de los colores, de los olores. La soledad pone atentos todos nuestro sentidos, los estímula, los agudiza, los desarrolla.


Todos deberíamos tomarnos un tiempo de soledad, pero de soledad bien aprovechada! Deberíamos gozar la soledad, sentirla, disfrutarla, regozijarnos en ella, deberíamos dejar de buscar en otros lo que está en nuestro interior y que en el ir y venir de la vida no lo dejamos salir.

Esto, tal vez, es una invitación a estar solos, a conocernos, a entender que la felicidad tan anhelada que buscamos todo el tiempo está en nosotros y no en terceros, esto es una invitación a ser felices, pero felices de verdad, con el corazón, con el alma y con ayuda de nuestra tan menospreciada soledad...




 

Muchacha en la ventana
Salvador Dalí
1925

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